viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuando había música en TV - Los Secretos - Popgrama.


En 1981, tras el célebre concierto homenaje a José Enrique Cano "Canito" (pinchar), batería del grupo Tos, fallecido en aquella nochevieja, la formación madrileña cambió su nomenclatura para pasar a denominarse: Los Secretos.
Con este nombre, ya mítico en el rock español, iniciaron una carrera que aún prosigue.
Hoy vamos a recordar lo que fue la presentación en sociedad de la banda en el Popgrama que presentaban Carlos Tena y Diego Manrique, unos meses después de aquél concierto y con nuevo batería: Pedro Antonio Díaz, que componía y cantaba como su predecesor y quien sufrió, como Canito, un accidente de tráfico mortal en 1984.
La formación en aquél entonces era la formada por los hermanos Álvaro, Javier y Enrique Urquijo, y el mentado Pedro Antonio Díaz.
Se presenta el primer y legendario debut de la banda, de título homónimo. Para la ocasión eligen tres temas, hoy grandes clásicos de su repertorio: "Ojos de perdida", "Déjame" y "Sobre un vidrio mojado", y un excelente corte, aunque menos popular: "Niño mimado".
Empezaba una leyenda que aún sigue viva, a pesar de las desgracias, la historia musical de Los Secretos.
Lo recordamos hoy en cuando había música en TV.











miércoles, 22 de noviembre de 2017

Mañana da comienzo la gira de Destroyer por España.


Destroyer, que es el apelativo que utiliza artísticamente el canadiense Dan Bejar, empieza mañana una gira por la península para presentar su último disco: "Ken".
Serán cuatro las ciudades afortunadas, que podrán disfrutar del arte de este músico tan personal.
Podrán los afortunados, disfrutar del directo del barbudo canadiense, y disfrutar de los nuevos temas, con sus novedades con respecto a anteriores discos, interpretados en vivo.
Dejamos relación de ciudades y fechas por las que pasará Destroyer:

23 noviembre de 2017 - Donosti - Teatro Victoria Eugenia.
25 noviembre de 2017 - Madrid - Teatro Barceló.
26 noviembre de 2017 - Valencia - Teatro La Rambleta.
27 noviembre de 2017 - Barcelona - Bikini.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ricardo Lezón - ·"Esperanza" (2017)


El cantante, compositor y guitarrista Ricardo Lezón, es el corazón de McEnroe, estupendo grupo no siempre valorado en la medida de lo que se merece. En este 2017, mientras la banda se encuentra en un momento de inactividad, Ricardo ha tirado por la calle de en medio, evitando sonidos que recuerden a McEnroe; y ha construido un disco en el que muestra de modo evidente su faceta lírica; y es que Lezón también es escritor y poeta, con un par de libros publicados de relatos y poemas.
"Esperanza", que es el hermoso título de este cancionero/poemario, se edifica sobre unos textos, tan reflexivos, líricos y vitales, que ellos son en parte los protagonistas principales del elepé.
No quiere decir esto, que Ricardo Lezón haya dejado abandonado el recubrimiento sónico de estas palabras y frases, en absoluto. El tratamiento que se da a estas hermosas historias es de una sutilidad deliciosa, simple (aparentemente), pero al tiempo intrincada, con percusión de escobillas (Edu Guzmán), complejo entramado de guitarras y teclas, y unos arreglos de viento, ocasionales y definitivos.
Grabado en Bilbao y Sevilla, con producción de Raúl Pérez, que consigue, sin aparatosidades, dar el entorno sonoro idóneo a cada tema, dotando además al conjunto de una coherencia absoluta.
Txomin Guzmán (Fakeband), acompaña en esta aventura a Ricardo, encargándose de guitarras, bajos y teclados, además de los arreglos del disco.


También Jimena Lezón, hija del autor, aporta su bonita y melíflua voz a varias coplas, dando una sensación de liviandad deliciosa.
Se inicia esta aventura plácida con "Chet Baker", un precioso corte con souleros/jazzisticos arreglos de viento a cargo de Txomin Guzmán; un inmejorable comienzo.
La primera intervención de Jimena es en la nostálgica: "Arena y romero", un tema maravilloso, que transcurre en Sevilla, y cuyo concurso convierte el estribillo en uno de los momentos más líricos, poéticos y nostálgicos que recuerdo en mucho tiempo, en la lengua de Galdós.
Reflexiva, descriptiva, delicada, son algunos adjetivos que se adaptan a la perfección a la preciosa: "La paz salvaje" (dedicada si no entiendo mal, a su habitación), con detalles autobiográficos y un cierto tono crepuscular, otro de los momentos claves del álbum.
El recuerdo, la nostalgia... son protagonistas de "El momento", 'hoy he vuelto a verte' reza el estribillo.



En "Ella baila", se hace acompañar del piano y una acústica, desgrana bellas palabras mientras un entramado de cuerdas gana en intensidad para regalar un hermoso final a otro momento muy especial. Sobre una base eléctrica y acariciadora, Ricardo desliza los versos de la reflexiva: "Lobos", vuelven las voces de Jimena.
Vientos que dan un entorno soul a "Lamento", y fuerte carga emotiva en el corte más bohemio del set, la estupenda: "Primavera en Praga".
Durante una temporada de su vida, Ricardo Lezón vivió y trabajó en el campo, en Noviales (Soria), en un hotel rural. Allí escribió las letras que escuchamos en "Esperanza", en un enclave de paz y tranquilidad, donde la reflexión se hace cómoda y clarificadora: esto se ve mejor que en ningún otro corte, en el colofón al disco, la mística: "Noche en Noviales".
No se hablará de este catálogo tanto como de otros, eso seguro, no es de esos productos que gritan su contenido, haciéndolo visible con luminarias y artificios. Pero es un trabajo reflexivo, nostálgico, lírico y muy bello; poesía musicalizada, o música rellena de poesía... ¿qué más dá?. La realidad es que es un trabajo que invita a la reflexión, el descanto de cuerpo y alma, y el disfrute de la música y las letras, y algunos, no podemos (ni queremos) pedir más. De mis favoritos del año.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "A 23 pasos de Baker Street"


"A 23 pasos de Baker Street" es una película de perfíl bajo, que se diría hoy, dirigida en 1956 por Henry Hathaway.
Magistrálmente ambientada, con un ritmo narrativo exacto que hace crecer el suspense de manera irrefrenable, y con estupendas interpretaciones, se trata de un film que combina el noir con el suspense, y que definitivamente recuerda al modus operandi del genial Alfred Hitchcock.
Basado en una novela de Philip McDonald, conserva también ese aire de novela americana, donde el humo, los diálogos y los romances frívolos, con mujeres heroicas de por medio, son el caldo de cultivo en el que se maceran unos personajes cosmopolitas y de intrincada psicología.
A pesar de tratarse de un film modesto, siempre me ha gustado mucho, me ha atrapado y he sentido la intensidad emocional de los personajes de manera poderosa.
Van Johnson se mete en la piel del pedante escritor invidente que cree escuchar en una conversación en un café, las evidencias de un secuestro, obsesionándose rápidamente por ello, Vera Miles, su ex-secretaria y ex-novia, será sus ojos y compinche en sus investigaciones.
Con el chirriante ruido de una tragaperras, como inmaterial personaje de la acción, nos quedamos esta semana con la extraordinaria "A 23 pasos de Baker Street".
¡Feliz semana!

domingo, 19 de noviembre de 2017

Michael Head & The Red Elastic Band - "Adios Señor Pussycat" (2017)


La historia de Michael Head no es nueva, es más bien redundante, por lo repetida y tópica dentro del mundo del rock. Natural de Liverpool y consciente de su talento, Head estaba llamado a convertirse en una gran estrella cuando despunto a principios de los ochenta con su banda The Pale Fountains, pero no fue así.
En el 86 se lanza con una nueva y talentosa formación: Shack, y con este proyecto empieza la truculenta historia de nuestro protagonista: En 1991, tras un debut que pasó desapercibido y una vez finalizada en U.K. la grabación del que sería su segundo disco: "Waterpistol", el estudio se quemó, con los masters del disco en su interior. La única copia que se salvó quedó olvidada por el productor Chris Allison en el interior de un automóvil de alquiler en USA -éste ignoraba el episodio del incendio- y cuando Allison volvió a Gran Bretaña y se enteró del suceso, intentó, y consiguió, ponerse en contacto con la compañía de alquiler, y finalmente recuperar la copia de "Waterpistol". Para ese entonces, la compañía quebró y no había distribuidor. El disco fue lanzado por fin en 1995.
Tras esto, varios años de actividad junto a su hermano John (guitarras) con Shack, funcionando con los estudios de Noel Gallagher: Sour Mash.
Funda Michael Head & The Strands, combinando la actividad de esta banda con Shack. En 2013 publica el disco debut con Michael Head & The Red Elastic Band, un EP titulado: "Artorius revisited".


A esta poco inusual trayectoria, hay que añadirle la constante de las drogas y el alcohol en la vida del británico. Adicciones que han condicionado su vida y su música, nunca triunfó como era previsible, y ha desarrollado su carrera como artista de pub, reconocido por parte de la crítica y con una reducida aunque fiel legión de seguidores.
Vuelve en este 2017 con un disco nuevo, que tiene como particularidad, que es el primero que crea en estado de sobriedad absoluto. Desenganchado de las drogas hace tiempo, y en fase de superación de otras adicciones, "Adios Señor Pussycat" es el nuevo  y excelente elepé de este artista al que muchos denominan un genio perdido y uno de los compositores más dotados de su generación.
La concepción musical de Head gira en torno a sus tres iconos musicales: Love, The Byrds y Burt Bacharach.
Con estos precedentes, Head crea un disco sedante, de tono pausado, rebosante de medios tiempos en los que priman las melodías fluidas y calmas, cantadas en tono de discurso y con elegantes inflexiones vocales y perfecto fraseo.
Se escuchan pianos, cellos, vientos esporádicos, guitarras acústicas y eléctricas, base rítmica susurrante y multitud de matices que embellecen sutílmente cada segundo del disco.
Cada canción es una pieza de orfebrería melódica, de artesanía de fina elaboración y de poesía, un disco para hacer las paces con el mundo y el hombre.
Un álbum al que entregarse, dejarse llevar por sus idílicos senderos y no discernir entre uno u otro tema de los trece que enriquecen sus surcos.



Dedicado a mi amigo Joserra Rodrigo, culpable de que lleve unos días enganchado a este disco.

sábado, 18 de noviembre de 2017

El día que la esperanza se marchitó. Un día de terror en Cracovia.


Decidí pasear, para relajar los nervios y purificar las sentimientos, por la orilla del Vístula. A mi izquierda y mirando al cielo, que ya teñía de oscuro Cracovia, veíase el Castillo de Wawel, que desde la altura nos vigilaba.

Al llegar frente a la cueva del dragón -smok wawelski, como lo llaman en aquellas tierras- me quedé observando la amenazante figura de bronce, que sigue custodiando la entrada a las profundidades de la tierra. En un momento dado, el ser mitológico empezó a escupir fuego, una llamarada que permitía ver, entre la oscuridad que iba ganando terreno al día, sus fauces y una terrible expresión de maldad, de crueldad, como me imaginaba al Obersturmbannführer Hoess; después la llama desapareció y sólo quedó en el ambiente un leve pero perceptible olor a gas.

El fuego, el rostro de la bestia y el gas me devolvieron a las nueve de la mañana, al principio de aquél día maldito, de aquél día de confirmaciones y dolor, de incredulidad y -al menos en mi caso- batalla contra mi mismo para no dejarme dominar por el odio; aunque confieso que si me venció la rabia, la pena, la incomprensión, la impotencia.
Los setenta kilómetros que separan la bella Crakovia de la yerma planicie donde se extendió el campo de Auchwitz-Birkenau, parecen, vistos desde la ventanilla del autobús, una inhóspita ladera aguijoneada por eucaliptos y abedules, que fantasmagóricamente parecen convivir con una niebla perenne, húmeda y fría, que puede entenderse como prólogo de una maldad infinita escrita en la historia, y que se incrusta en el corazón y el cerebro de cualquiera que se sienta humano.


Frente a la puerta de Auchwitz, el escalofrío otorgaba a mi costado derecho una heladora sensación, como si alguien me acuchillara con una daga de escarcha. El cerebro en cambio hervía, atrapado por unos auriculares, por los cuales la voz, pequeña, afectada, aún incrédula de Mónica, nos narraba unos episodios que con 16 años apenas, empecé a conocer tras leer "Holocausto" de Gerald Green, siempre he pensado, que era demasiado joven.
Lo que más duro, no por inesperado ni por tener pleno convencimiento de ello, se me hizo, fue la constatación de la veracidad de lo que decían aquellas páginas que me aterraron cuando de adolescente, empapaba de dolor mi cama con las vivencias de unos personajes que se iban desintegrando por ser quienes eran, sin explicaciones ni piedad, sin juicio ni sentencia, como si su suerte fuese la voluntad de algún dios macabro.
Ver el horror con unos ojos que sólo lo habían conocido de manera indirecta, por medio de libros, o con pantallas de por medio, dando una nota de geometría artística al entorno, fue lo que me hizo hincar la rodilla, agotar el crédito que aún le daba al género humano. Por unos momentos, nada parecía tener sentido, nada parecía real, sentía que formábamos parte de un teatro, aquél de Calderón, tal vez, donde todos somos parte de un elenco elegido al azar por algún caprichoso y cruel ser infectado de maldad en estado puro, sólido, líquido y gaseoso.
En el trayecto de vuelta intenté relajar mi conciencia, que por motivos obvios se sentía culpable, todos lo somos me repetía una y otra vez, leyendo "Yo confieso", estupenda novela de Jaume Cabré, que fue la elegida para mi viaje por Polonia, pero que no ayudaba precisamente. Apagué el E-Book, y me quedé con los ojos congelados y la cabeza apoyada en la ventanilla, mirando los árboles, que me hacían muecas tristes, como diciendo: ya te lo advertimos.


Me di media vuelta y desanduve lo andado. Ahora el castillo se extendía a mi derecha y recortaba su silueta sobre una nube gris azulada que parecía resistir ante la negrura del cielo, que ya había teñido de oscuridad las aguas del río. Pensé que nada podía hacerme sentir humano aquella noche: las vías del tranvía me invocaron a aquellas que se estrellan contra la puerta del infierno de Birkenau, la puerta de la muerte, de la desesperanza, del final impuesto por el odio a nada, a nada, a nada...no encuentro a qué...no existe un qué.


Entré en un bar, era como una cueva, muy bonito y acogedor, estuve escuchando a Billie Holiday, y a Marvin Gaye, y la maravillosa versión de "Isn't it romantic" de Ella Fitzgerald.
Recurrí a lo de siempre: música y cerveza, libros y fantasía, humanidad y amistad. El día 20 de octubre de 2017 nada funcionaba, fue el día que la esperanza se marchitó para siempre en mi corazón, así lo sentí aquella tarde, frente a unos vasos vacíos mientras la Fitzerald lo intentaba, pero no, no es esta una historia romántica.



viernes, 17 de noviembre de 2017

Salto - "Far from the echoes" (2017)


Estaba advertido, lo habían comentado todos y cada uno de los cronistas musiqueros que habían escrutado, antes que un servidor, el último trabajo de Salto. Es por eso, que cuando hace una semana, tras el concierto que nos trajo a la banda a Bilbao para su presentación, y empecé a introducirme en sus surcos, no me pilló por sorpresa la inicial - aunque fugaz- barrera que se interponía entre el cancionero y el escuchante.
Y es que este "Far from the echoes" no es "Salto" (2015); quiero decir, que la inmediatez en cuanto a la aceptación de las coplas de aquél excelente debut -puro pop sixty y powerpop de esencia Big Star- desaparece en esta segunda intentona.
El motivo no es otro que una mayor apuesta sónica que pretende, y consigue, enriquecer unas melodías, retorcer el envoltorio que decora la lírica voz de Germán, y aportar gramos de psicodelia 'made in 1968' a un disco, que en esencia sigue perteneciendo al pop y al powerpop.
Conseguido el éxito artístico, queda por demostrar la resistencia ante la impaciencia, del personal; digamos que las primeras escuchas sirven para adaptarse a un universo que no es todo lo confortable que se esperaba, a tenor del primer capítulo de la carrera de Salto. Pero tampoco hay que desesperarse, en la segunda escucha empieza a verse la luz (de cambiantes y ruidosos colores), y se empieza a aceptar la atmósfera sónica de "Far from the echoes" de forma natural.
Para conseguir este especial recubrimiento, Salto ha contado con una banda de enjundia, y con la adhesión de sitares, campana, cellos, violines, trompetas y trombones.
Justo es por tanto, resaltar la producción de Rams y Martí Perarnau.


En cuanto al tracklist, una vez dejamos arrastrarnos por el oleaje colorista y 'extraño' del sonido, nos vamos tropezando con temas de deliciosa melodía, ricos en su aparente simplicidad: "Everything", un triste canto al final de una historia, con piano, acústicas y coros; que de repente marca el camino a seguir para el resto del elepé.
Como si de un final feliz tras la hecatombe se tratase, "Home again" acarrea sol y luz, calor y esperanza, un tema que es difícil que no encandile. En cambio es imposible no recordar a Big Star cuando se recorre "Her man".
Los sitares y una mezcla de esencias orientales y africanas dan carta de naturaleza a la lisérgica: "Moving".
Los Fab Four del 67/68 se nos muestran en una reencarnación patria, que desde Madrid desparrama reflejos catadriópticos con la sensacional: "It`s all abaut you".
La cara B del vinilo da comienzo con "Such a waste of time", una preciosa balada, más accesible y 'ortodoxa', a la que sigue la maravillosa: "You were always waiting", una melancólica y nostálgica pieza en tono folk. "Mary", tal vez mi corte favorito, por su alegría prudente (que creo descubrir) y sus elegantes teclas.
Continúan las baladas, que dominan esta cara B del vinilo, con: "Hopefully", para la que Salto cuenta con la colaboración de Carolina de Juán (Morgan). Vuelven ecos de la Gran Estrella con la triste pero hermosa "Haters".



Y termina el paseo por este universo sonoro tan especial y delicado con "Song for Ollie", donde se aúna la esencia más densa y una base folk deliciosa; este es el tema más controvertido y ambicioso, con un pasaje instrumental que se cuece en un caldo de tintes lisérgicos.
"Far from the echoes" es el segundo disco de un proyecto musical osado y con evidente vocación de crecer, de evolucionar, pero sin perder pureza, lírica y personalidad; la que vislumbramos de modo claro en el primer disco, y que ahora se hace sabrosa y más suntuosa.